Portada sobre fantasía y Edad Media

Fantasía y Edad Media

La Edad Media es una época muy popular, aunque algo desconocida. Para unos es un periodo oscuro y deprimente para la civilización; para otros, con sus luces y sombras como otro cualquiera. ¿Qué pasó con la fantasía en la Edad Media? ¿Les gustaba o, incluso, contaba con seguidores?

Sin embargo, no todos los libros se inspiran en esa época, tenemos los que desde que compaginan mundo real con imaginario como en Harry Potter de J.K. Rowling, un mundo completamente nuevo como Cthulhu de H.P. Lovecraft, el renacimiento italiano en Tigana de Guy Gavriel Kay o las guerra napoleónicas en Jonathan Strange and Mr Norrell de Susanna Clarke. Es decir, no toda la fantasía es medieval.

Fantasía: inspiración Edad Media

¿Por qué la ambientación de tantas novelas se basan en la Edad Media? Las fuentes europeas medievales de la fantasía beben de lo que se discurre previamente de la tradición oral que recogió en escritos: la poesía épica y las Fornaldarsagas, sagas nórdicas e islandesas.

Beowulf es poema épico anglosajón muy conocido, aunque no se popularizó hasta hace relativamente poco y, por tanto, no alimentó el acervo popular de la Edad Media. Ha influido en la fantasía como en Grendel de John Gardner.

El mayor pozo de conocimiento sobre mitología nórdica se encuentra en la Edda Mayor y la Edda Menor donde nos sonarán a Odín y al resto de Aesir, además de enanos, elfos, dragones y gigantes. Seguramente nos venga a la memoria El señor de los anillos de Tolkien que popularizó mucho estos elementos y todavía siguen en vigor. Estos elementos se han importado directamente a varias obras de fantasía y han influido profundamente en otras, tanto por sí mismas como por su influencia en las sagas nórdicas, el Romanticismo y los primeros escritores de fantasía.

Las Fornaldarsagas (cuentos de tiempos pasados) se basaban en los mitos más antiguos para incluir elementos fantásticos. La saga de Grettis, una vez escrita, se basó en estas tradiciones que nombraban a los héroes con peligrosas misiones donde luchan contra las fuerzas del mal y aparecían dragones y brujos. No podía faltar el rescatar a bellas doncellas. ¿A alguien le suena todo esto?

La saga sueca de Friðjófs ins frœkna, se basó en las Fornaldarsagas, salió en 1825 y añadió elementos propios del género fantástico. Fue un éxito y lo conocieron autores posteriores como J. R. R. Tolkien, William Morris y Poul Anderson.

Otras sagas más históricas, como la de Völsunga o El Cantar de los nibelungos, relatan conflictos por tronos y dinastías. Este otro ejemplo clarísimo que George R.R. Martin ha sabido desarrollar en Juego de tronos y otros autores de fantasía épica.

Un claro ejemplo de la tradición galesa fue todo lo relacionado con el rey Arturo, Merlín y Camelot. Aquí tenemos la obra de fantasía de Evangeline Walton: La isla de los poderosos, Los hijos de Llyr, La canción de Rhiannon y El príncipe de Annwn.

La tradición escocesa tuvo influyó de forma indirecta para el ciclo artúrico junto con el romance caballeresco: la Materia de Bretaña.

El ciclo irlandés del Ulster y el ciclo de Fenian fueron fuente de inspiración para algunos autores de literatura fantástica.

La epopeya finlandesa Kalevala no se publicó hasta el siglo XIX, aunque recogió la tradición oral de los siglos anteriores. J. R. R. Tolkien se inspiró en esta epopeya para el Silmarillion.

Reflexiones sobre el medievo

Hemos visto que muchas fuentes provienen del folclore oral que se trascurrieron en libros. Dieron a novelas de fantasía, de caballeresca e, incluso, de romance con transformaciones estéticas bajo el concepto de normalidad (adaptándolo si es necesario) de la época de cuando se escribió.

Por otro lado, algunos autores como Attebery (1992) señala que esta filiación a elementos medievales sirve para facilitar la aproximación del lector a la obra de fantasía y, además, libera al autor de la necesidad de crear mundos imaginarios sin referente alguno. Es decir, nos evadimos de lo ordinario, aunque conserva puentes con la realidad para su mejor comprensión.

La tranquilizadora previsibilidad de la atmósfera medieval familiar satisface la necesidad de apartarse del mundo cotidiano y contribuye a la atracción de la fantasía mediante la creación de reinos en los que el bien y el mal están claramente delineados.

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Otra forma de verlo y resumirlo sería como plantea Rubén Darío a través de uno de sus personajes. Esa fascinación por lo lejano y desconocido porque lo ordinario ya está muy visto.

[…] he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué queréis! yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer.

Prosas profanas y otros poemas, Rubén Darío.

Tolkien inauguró toda una escuela que se sigue hoy en día. Creó unos tropos de fantasía que se identifican enseguida y acerca al lector a algo «conocido». Universos que recuerdan al medievo, la lucha entre el bien y el mal, personajes misteriosos y de sangre real, señores oscuros que se oponen a los «buenos» que son moralmente correctos.

¿Acaso la magia en la fantasía es una tecnología? Ayuda, destruye y puede cambiar drásticamente el curso de la historia y afectar a la construcción del mundo.

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