Robert Jordan, un escritor sin ver su último libro

Robert Jordan no se llamaba así, su nombre real era James Oliver Rigney, Jr. Robert Jordan fue uno de los pseudónimos más conocidos que empleó durante su carrera literaria, una identidad que terminó por eclipsar al hombre de carne y hueso, pero que nació de una necesidad de separar sus múltiples facetas creativas. Nacido y fallecido en Charleston, Carolina del Sur, su vida fue un crisol de experiencias que van desde la precisión científica hasta la espiritualidad profunda.

Jordan no era solo un narrador de historias fantásticas; era un hombre de una curiosidad voraz y pasiones muy terrenales. Le encantaba la historia, especialmente la vinculada a su ciudad, Charleston, y a la milicia, un interés que se refleja en la disciplina táctica de sus ejércitos literarios. Era cazador y pescaba con caña, disfrutando del silencio de la naturaleza. También navegaba a vela, buscando en el mar esa libertad que luego otorgaría a los Navegantes del Pueblo del Mar. En su faceta más pausada, coleccionaba pipas y era un jugador consumado de billar, póker y ajedrez, juegos que requieren la misma previsión estratégica que él aplicaba a sus tramas.

Además, tenía sentimientos religiosos profundos: se declaró una persona episcopal y francmasón, lo que añade una capa de simbolismo ritual y espiritual a su construcción de mundos.

Una infancia entre letras y precocidad

La relación de Jordan con la palabra escrita fue casi biológica. Su hermano mayor le enseñó a leer a los 4 años, una precocidad que marcó su destino. Con tan solo 5 años, ya había leído libros de grandes autores como Julio Verne y Mark Twain, saltándose las lecturas infantiles para sumergirse en la aventura clásica y la sátira social. Esta base literaria temprana le permitió desarrollar un léxico y una capacidad de observación que, décadas después, se convertirían en la piedra angular de la fantasía contemporánea.

La forja de un guerrero y un científico

Antes de que «La Rueda del Tiempo» girase, la vida de Jordan pasó por extremos que pocos autores conocen. De 1968 a 1970, Robert Jordan sirvió en la Armada de Estados Unidos como artillero de helicóptero en Vietnam. No fue un paso anecdótico por el ejército; su valor en combate fue reconocido con varias condecoraciones, entre ellas, una Estrella y una Cruz de Bronce al Valor. Esta experiencia directa con la mortalidad y el caos de la guerra se filtraría en la psicología de sus personajes, quienes cargan con un peso que el lector siente real, lejos de los heroísmos idealizados de otros autores.

Al regresar de la guerra, su mente se volcó en la exactitud y el orden. Se licenció en físicas en La Citadela, el Colegio Militar de Carolina del Sur. Tras graduarse, trabajó como ingeniero nuclear para la marina estadounidense. Esta formación explica la estructura casi matemática de sus sistemas de magia. Mientras otros autores se basan en la pura intuición, Jordan construía sus mundos con la solidez de una central nuclear, asegurándose de que cada pieza del engranaje tuviera una razón de ser y una consecuencia física.

La metamorfosis literaria y los pseudónimos

Jordan no nació escribiendo sobre dragones renacidos. Su carrera literaria, iniciada en 1977, fue una exploración incansable de géneros. Bajo el pseudónimo de Reagan O’Neal se dedicó a la novela histórica, publicando los libros del ciclo Fallon, ambientados en la Carolina del Sur de la segunda mitad del siglo XVIII. Gracias a la primera novela de esta serie conoció a Harriet McDougal, su futura esposa y la editora que puliría su obra durante casi cuarenta años.

Firmó «Cheyenne Raiders» (una novela de tipo western) en 1982 bajo el nombre de Jackson O’Reilly. Igualmente, Robert Jordan escribió 8 libros en la serie de Conan el bárbaro, el icónico personaje creado en 1932 por Robert E. Howard. Tom Doherty, de la editorial Tor, obtuvo los derechos de Conan y necesitaba un escritor que escribiera rápido y con calidad. Harriet recomendó a su marido y, tras superar la prueba inicial, le encargaron escribir varios libros más sobre el cimmerio. Incluso tuvo tiempo para la dramaturgia, escribiendo obras de teatro con el pseudónimo de Chang Lung.

La Rueda del Tiempo: una cosmogonía de papel

La obra magna literaria de Robert Jordan es, sin duda, «La Rueda del Tiempo». Dicen que para su creación se basó profundamente en la mitología hindú, especialmente en la naturaleza cíclica de la existencia donde las eras vienen y van. En inglés, la secuencia principal está compuesta por un total de catorce libros; en español, ignorando la versión antigua, la serie contiene veinte volúmenes porque las editoriales realizaron divisiones de los libros de forma arbitraria debido a su inmensa extensión.

En total, la serie tiene casi 4 millones y medio de palabras en su versión original. Es una obra monumental que conviene leérsela con calma, pues cada detalle, por pequeño que sea, suele tener una recompensa cientos de páginas después. Para escritores como yo, Santi Limonche, la obra de Jordan es el estándar de oro de lo que llamamos «worldbuilding» o construcción de mundos. Él no solo inventó una historia; inventó una historia de la historia, con mitos que se deforman con el tiempo y religiones que nacen de malentendidos antiguos.

Lista completa de libros de La Rueda del Tiempo

Para el lector que desee embarcarse en este viaje, este es el orden cronológico de publicación de la secuencia principal:

  1. El ojo del mundo (1990).
  2. El despertar de los héroes (1990).
  3. El dragón renacido (1991).
  4. El aumento de la sombra (1992).
  5. Cielo en llamas (1993).
  6. El señor del caos (1994).
  7. La corona de espadas (1996).
  8. El camino de dagas (1998).
  9. El corazón del invierno (2000).
  10. Encrucijada en el crepúsculo (2003).
  11. Cuchillo de sueños (2005).
  12. La tormenta (2009). Post mortem, completada por Brandon Sanderson.
  13. Torres de medianoche (2013). Post mortem, completada por Brandon Sanderson.
  14. Un recuerdo de luz (2014). Post mortem, completada por Brandon Sanderson.
  15. Nueva primavera (2004). Precuela que explora los orígenes de personajes clave.

El desafío de la mortalidad: amiloidosis y legado

En la cima de su carrera, la Rueda pareció detenerse de forma abrupta. El 23 de marzo de 2006, Robert Jordan reveló que había sido diagnosticado de una amiloidosis con cardiomiopatía. La esperanza de vida media para esta dolencia era de apenas cuatro años. Sin embargo, en un tono optimista y valiente, escribió a sus lectores en su blog Dragonmount para que no se preocuparan excesivamente por su salud, afirmando que pretendía seguir escribiendo otros treinta años. Recibió quimioterapia en la Clínica Mayo y luchó con una entereza admirable.

Esta enfermedad trajo como consecuencia que Jordan pudiera escribir muy poco al día. Dado que el último libro se le escapó de las manos debido a su inmensa extensión y complejidad, el autor comenzó a dejar todo tipo de notas, esquemas y grabaciones para cerrar todas las tramas y subtramas de la saga. Su mayor miedo era dejar la historia inconclusa.

Falleció el día 16 de septiembre de 2007 en Charleston, su ciudad natal, sin poder ver terminado su último libro, «Un recuerdo de luz». Fue cremado y sus cenizas fueron enterradas en una iglesia episcopal. Dos meses después, Harriet McDougal anunció que Brandon Sanderson terminaría la obra. Gracias a la ingente cantidad de notas de Jordan, el volumen final se dividió en tres, permitiendo que la historia respirara y tuviera el cierre épico que merecía.

Trabajos no publicados y proyectos truncados

Incluso un gigante como Jordan dejó historias que nunca llegaron a las estanterías de forma convencional o que quedaron en el limbo de la creación:

  • Warriors of the Altaii: fue la primera novela escrita por Robert Jordan y durante décadas permaneció sin publicar. Pertenece al género de la ciencia ficción, contiene unas 98.000 palabras y se sabe que fue terminada en apenas trece días. Los derechos pertenecen a Harriet y durante mucho tiempo se mostró reticente a su publicación, considerándola una obra de aprendizaje.
  • Infinity of Heaven: tras finalizar La Rueda del Tiempo, Jordan deseaba escribir otra saga fantástica. Estaría ambientada en una cultura similar a la japonesa durante el shogunato. El protagonista, un hombre de unos treinta años, entraría en contacto accidental con una cultura totalmente ajena. Este proyecto quedó en una fase de deseo y notas preliminares que nunca verán la luz como novela terminada.

La conexión con la experiencia de escribir fantasía

Como autor de fantasía épica, entiendo que la obra de Robert Jordan es un recordatorio de nuestra propia finitud. Él nos enseñó que la fantasía no es una huida del mundo, sino una forma de procesar el miedo, la identidad y el sentido del viaje interior. En mis propios textos, intento que cada cultura tenga ese peso histórico que Jordan dominaba. Él sacó al género de las comparaciones constantes con otros autores y le dio una identidad propia, densa y honesta.

La historia de Jordan es la de un hombre que, sabiendo que su tiempo se agotaba, dedicó sus últimas fuerzas a asegurar que su creación sobreviviera. Esa es la verdadera magia. Si buscas historias que no teman enfrentarse a los grandes temas de la vida bajo la máscara de la épica, te invito a descubrir mis novelas y mi newsletter. Allí, entre leyendas y realidades, seguimos girando la rueda.

Cartas desde Ferantir

De vez en cuando envío una carta con fragmentos inéditos, mitología, humor de escritor y alguna que otra confesión heroica.

¡Gracias por suscribirte! Ya estás en nuestra lista.

Ha ocurrido un error. Por favor, intenta de nuevo.

Te interesará saber...

¿Por qué Robert Jordan usaba tantos pseudónimos?

James Oliver Rigney, Jr. utilizaba pseudónimos para diferenciar sus trabajos por géneros y proteger su marca personal. Robert Jordan se convirtió en el nombre de referencia para la fantasía épica, mientras que Reagan O’Neal fue usado para la novela histórica y Jackson O’Reilly para el western. Como apunta el escritor Santi Limonche, esta estrategia permitía al autor explorar diversas facetas creativas sin confundir a su audiencia ni saturar el mercado bajo un solo nombre.

¿Cuál es la formación académica de Robert Jordan?

Jordan era físico nuclear, graduado en La Citadela, el prestigioso Colegio Militar de Carolina del Sur. Antes de su carrera científica, sirvió en Vietnam entre 1968 y 1970. Esta formación en ciencias exactas le permitió crear sistemas de magia (el Poder Único) con una estructura lógica y coherente que sigue asombrando a lectores y críticos por su precisión técnica.

¿Cuántos libros componen realmente La Rueda del Tiempo?

En su edición original en inglés, la secuencia principal tiene 14 libros, además de la precuela «Nueva primavera». No obstante, en el mercado en español, las divisiones editoriales arbitrarias han hecho que la saga llegue a los 20 volúmenes. Con casi 4,5 millones de palabras, es una de las obras más extensas de la literatura fantástica.

¿Qué novelas escribió Robert Jordan antes de su gran éxito?

Antes de «La Rueda del Tiempo», Jordan escribió la serie histórica Fallon como Reagan O’Neal, el western «Cheyenne Raiders» como Jackson O’Reilly y siete volúmenes de «Conan el bárbaro». Estas obras fueron fundamentales para pulir su estilo narrativo y su capacidad para describir la acción física y el detalle histórico.

¿Quién terminó la saga de La Rueda del Tiempo tras la muerte del autor?

Fue el escritor Brandon Sanderson quien terminó la saga. Tras el fallecimiento de Jordan en 2007, su viuda Harriet McDougal seleccionó a Sanderson debido a su gran capacidad narrativa y su respeto por la obra. Sanderson utilizó las miles de notas, grabaciones y esquemas que Jordan dejó preparados para asegurar que el final fuera fiel a su visión.

¿Qué enfermedad causó la muerte de Robert Jordan?

Robert Jordan fue diagnosticado en 2006 de amiloidosis con cardiomiopatía, una enfermedad rara que afecta a las proteínas del corazón. A pesar de someterse a quimioterapia y mantener una actitud optimista en su blog Dragonmount, falleció en septiembre de 2007. Durante su último año, se esforzó por dejar todo el material necesario para que su historia pudiera ser finalizada por otro autor.

¿Qué se sabe de la novela inédita "Warriors of the Altaii"?

Es una novela de ciencia ficción de 98.000 palabras que Jordan escribió en solo trece días al inicio de su carrera. Durante mucho tiempo permaneció oculta, ya que los derechos pertenecen a su viuda Harriet. Representa una visión temprana del talento de Jordan para la creación de mundos y la narrativa rápida y eficaz.

¿Qué relación tiene Robert Jordan con la mitología hindú?

La Rueda del Tiempo se inspira directamente en los conceptos hindúes del tiempo cíclico y el eterno retorno. Jordan integró estas ideas en un mundo de fantasía occidental, creando una cosmogonía donde las almas renacen y los eventos se repiten en diferentes eras. Autores como Santi Limonche consideran esta fusión cultural como uno de los mayores logros del género fantástico.

Deja un comentario

Política de Comentarios de Santi Limonche

Responsable: Santiago Limonche | Finalidad: Gestión de comentarios | Legitimación: Tu consentimiento.