Darma acepta su misión

Capítulo 1. Los hermanos se reúnen

Darma no sabía durante cuánto tiempo aguantaría la humillación. Dos motivos le enfurecían: la naturalidad con la que su hermano Procellis le molestaba y su capacidad de volar.

Cuando veía las alas irisadas de Procellis, anticipaba la siguiente oleada de sufrimiento y le daban ganas de maldecir, pero se mordía la lengua. Su hermano mayor surcaba el cielo como un colibrí en busca de néctar mientras se acercaba y alejaba dándole golpes donde menos lo esperaba con la punta de sus largos dedos.

Aprovechó un momento en el que Procellis perseguía a unas águilas para mirar alrededor mientras caminaba: las piedras de los acantilados se retiraban en favor de la arena. Una brisa alborotó sus cabellos y trajo consigo la sal del océano, que parecía estar esperando a los dioses. Estaban a punto de salir de las montañas y descender al nivel del mar, así que aceleró.

Al ser primera hora, la penumbra dominaba el cielo. Darma observaba cómo los cabellos de Kyros emitían destellos fulgentes, análogos al faro más luminoso. Los cabellos níveos de Darma no podían competir con los de su hermano; imposible olvidarse de que era el dios de la luz. Al no hacer el recorrido habitual por el cielo, el mundo de Ferantir parecía echar de menos su sol. Eclipse, lo llamaban los mortales; Kyros, descanso breve debido al exceso de trabajo.

Los labios de Darma estaban relajados, aunque pensaba en las próximas horas. No pudo evitar que el vello de los brazos se le erizara, aunque fuera un dios. Ser el pequeño de una familia pesaba como una losa, y daba igual ser mortal o inmortal. Estos pensamientos le distrajeron, así que no atenuó la embestida de Procellis por la espalda y, a pesar del rubor de sus mejillas, soltó una carcajada nerviosa cuando este le clavó los dedos en el costado.

Darma inspiró lentamente mientras repetía «cálmate». Salir corriendo no era una opción; debía aceptar la situación y adaptarse. Las tácticas mentales no dieron fruto: a los dos minutos, la paciencia se le agotó. Abrió la boca, pero, antes mandar a Procellis de paseo al inframundo, su hermano cambió de parecer a mitad de quiebro. Nunca dejaba de sorprender a Darma la capacidad de su hermano mayor de cambiar de opinión en menos de una milésima de segundo. Ahora se dedicaba a incordiar al resto de sus hermanos.

Se preguntaba por qué la mayoría de ellos elegía aparentar unos cuarenta años. Nunca lo había hablado con ninguno; le parecía una pregunta muy íntima. Él prefería aparentar treinta, mientras que Procellis era el caso más extremo: solía moverse en torno a los veinte.

No desaprovechó la ocasión; se paró un momento y tomó aire. Si fuera un mortal, estaría sudando: una ventaja de ser un dios consistía en controlar la fisiología en el cuerpo, y ante un concilio necesitaba recurrir a todas sus estrategias y poderes para mantener las apariencias. Reanudó la marcha.

A Darma no le gustaban los concilios porque siempre se sentía apartado, marginado; sus hermanos apenas le dirigían la palabra. A menudo pensaba que desempeñaba el papel de florero: se quedaba quieto y sus hermanos se acercaban de vez en cuando a mirarle, incluso intercambiaban cuatro palabras con él. Le parecía una pedantería llamar concilio a una reunión familiar anual, por mucho que cada año rotasen de casa.

Darma perdió el hilo de sus pensamientos al dejar atrás las rocas de los acantilados mientras el sonido de las olas que chocaban contra la arena le daba la bienvenida. Sus hermanos y él habían descendido sobre una playa, donde esperaba un barco para transportarlos al palacio submarino de Jelani, ya que este año el concilio se celebraría en su casa. Las normas del anfitrión solían ser estrictas: la tradición primaba sobre la razón.

Al girar un recodo, encontró la barcaza con un espíritu marino que esperaba en el timón. El ser aguardaba en silencio, aunque le llamó la atención el leve temblor de su barbilla. Cuando llegó Darma, todavía faltaban Procellis, que se habría vuelto a entretener con cualquier nimiedad, y los mellizos que estarían discutiendo, como siempre.

Los gritos de los mellizos quebraron la tranquilidad de la playa. Darma identificó maldiciones contra Procellis y, a los pocos segundos, aparecieron empapados. El resto de los dioses se mordieron los labios e incluso Darma se pellizcó el brazo.

Los ojos verdes de la melliza echaban chispas mientras lanzaba rayos esmeraldas con su vara contra el dios aéreo, aunque este era demasiado rápido y esquivaba todas las ráfagas. Darma se fijó en que Procellis no prestaba atención al mellizo ni a su encantamiento. Las alas de Procellis dejaron de moverse y cayó sin gracia en el océano.

Con un semblante neutro, los mellizos subieron a la barcaza.

Darma carraspeó con fuerza.

—¡Uy! Es verdad, se me había olvidado —dijo el mellizo mientras movía la mano con desdén. A los pocos segundos, Procellis emergió tosiendo, dio dos aleteos y aterrizó mientras plegaba las alas, de un color gris como reflejo de su humor.

Darma se alegró de no pertenecer al intrincado juego de poder que practicaban sus hermanos. Sería un verso suelto y se burlarían de vez en cuando, pero no cargaba con preocupaciones ni debía demostrar nada.

El espíritu marino giró el timón y la barcaza se movió, incrementando la velocidad hasta viajar tan rápido que el paisaje se convirtió en un borrón de colores indefinidos salpicados con la espuma de las olas.

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  1. Mª Jesús

    Parece el principio de algo importante y emocionante, ya me ha enganchado.
    Muy bien las descripciones y el ritmo que le das.

  2. Santiago

    Es una descripción genial, muy rica imaginación Santi y con una descripción impecable. Es un tema, y a la espera de los próximos relatos, muy propio de una película de ficción. Enhorabuena campeón.

  3. Silvia

    ¡Pobre Procellis, que casi lo ahogan!
    Deseando estoy de saber qué pasará en el palacio submarino… ¿para cuándo la siguiente entrega?

    1. Santi Limonche

      Gracias Silvia por comentario. Espero que Procellis, no muera ahogado al final.
      La siguiente entrega será el próximo domingo.

  4. Rosa

    Muy interesante comienzo de relato. Te hace sentir la intriga de lo que ocurrirá en el cónclave familiar de los hermanos~dioses. ¿Qué andarán tramando?

    1. Santi Limonche

      Rosa, tus palabras por una parte, me dan ánimos para seguir y, por otra, espero no defraudarte y que sigas disfrutando del relato en las siguientes partes.